domingo, 10 de octubre de 2010

Amor a la polaca

                                                                                                                                      

Amor a la polaca


Los Turbantes Tricornio y Bicornio, zapateaban1 a la polaca. Tricornio orlaba un boubou y Bicornio un caftán, acompañado con un simpático fez marroquí.
Marqués Solideo empavonaba su ribete.
-Si no se quita el sombrero me indigno. Advertirá a la sazón el proceder de mis siervos. -expresó Marques Solideo, y los molares de la polaca planeaban sobre sus polainas.
Tricornio y Bicornio, devotos pajes, salivan sus gorgueras y se arrojan de nuevo al embate. Los detiene el Arzobispo Balaclava en pleno brinco.
-Turbantes amigos, sombreros sin alas, interrumpan su carga astracán. La Duquesa Capelina dormita enferma en su cuello de Holanda.
-Adolece por la pérdida del marinero Regenhut.-enunció irritado Bicornio, estrujando un bonete.
-¡Silencio sirviente!
Y silencio hizo.
Tricornio dio un coscorrón a Bicornio.
Un mitón de recuerdo en el dorso de un guante, navegando las olas, llegando a Levante. El marinero Regenhut se esfumó en la quilla, partida en dos fuegos de fieltro, cañones de Toca, de balas sin mangas.
-¡Tragedia terrible!¡Su gorro en la arena!
-¡Recuerdos tan nobles!¡Bien valen su pena!
-¡Silencio sirvientes!
Y silencio hicieron.
Bicornio dio un coscorrón a Tricornio, y este no entendió.
Escoltas en parka, alzan a la polaca, lavan su cara quebrada buscando dinero en sus sayas.
-Llévense a esta sucia foránea. Su educación tan ausente me grana reproches.
El Arzobispo Balaclava arroja su tapado con esclavina al suelo con gran ímpetu, mostrando sus carnes con demencia a tres desprevenidos testigos.
-¡Descarada situación!¡Me desnudo ante usted Marques!¡Usted no es Dios del eduque!¡Mil vergüenzas Dios le atañe!
-¡Silencio creyente!
Y silencio fue.
Y Tricornio y Bicornio dieron un coscorrón al Arzobispo Balaclava, arrepintiéndose al instante.
Con una sandalia se tapa las partes, tres escoltas en parka menguan sus armas blancas, Don Botinero Inquisidor se asoma2 por la ventana, sus patas cuelgan al viento, alta torre trepada.
-¡Lo sabía Balaclava!¡Mañana tus carnes quemadas!
Dirigen al calabozo, al Arzobispo y la polaca, marchitos de espíritu y magros suspiros, esperando milagros de un Dios desatino.

En la Costa del Este, bajo el cielo nublado, un cuerpo latente flota en el vado. Su gorro perdido, el barco olvidado. Madera de casco sus manos abrazan. Recuerda su nombre, su amor y su casta. Marino es su oficio, su vida y su alma. Mas en tiempos presentes un barco le falta, perdido en el fondo con cofres de oro.
Ninguna tormenta de balas Tocanas, amainara su brío de corsario Vienes.

El Horma Gamuza grita mudamente para sus adentros, con una barra ardiente en su guante corto:
-¡Usar plancha caliente!¡Blanquear con cloro cabellos!¡Colgar al aire libre su torso mancebo! Secar sin escurrir.
Tres guardianes en parka, empalan a la polaca, más tarde la empala la pica. Los pelos blancos sin dientes, seis uñas en el estanque. El cuerpo mancillado es observado con ojos de espectro, del otro lado del mundo, percibe la misma fría indiferencia de cuando polaca sin tierra.

Náufrago sin rumbo cae de una muralla. La plaza vacía y el cuerpo en la pica.
Arzobispo encadenado en oscura mazmorra, entre ventana enrejada exclama:
-¡Visiones veo, Señor ya me llamas, los muertos vienen de marinero andante!-agua salada en sus partes-¡Estaba esperando ya pica y hoguera! Mas parece que muero antes. Sucias mascaradas la parca utiliza. Albérgame Señor, mi alma esta lista.
El Horma Gamuza estira cadenas, aprietan sus venas, condena caderas. Carita gordita, sudada y de ángel, sonríe a dolores, rasura su carne.
Capelina despierta con febril semblante, añora desnuda a su gran amante. Ya Bicornio le avisa que el barco no llega, ya nadie lo espera.
-¡Oh, mi dulce Vienes, navegabas mi cuerpo -Tricornio pispea dos bustos bien grandes- con tus dotes brillantes! ¿Habrá astrolabio que guié mi corazón a buen puerto? Mi pena es tifón en un mar ya muerto.
Marqués Solideo, de par en par rompe puertas. Sus cuernos rebozan en todo Levante.

-¡De nuevo sin toga, mostrando3 tus partes! Ya ves que te enfermas.
Agua salada en la frente de la Duquesa, resopla ofuscada, se pone las prendas. Bicornio pispea, dos nalgas bien tiernas.
-¡Afuera sirvientes!¡O conocerán la hoguera!¡Y antes de eso la ruda ceguera!
Tricornio y Bicornio sus cabezas golpean, sus lanzas erguidas huyen por la puerta.
-Déjalos ya, son como infantes, solo han conocido el sexo de su madre. Dame dinero y sube mi fiebre.
-Capelina estas encendida, ya te habló el arzobispo del pecado que eso implica.
-Que mojigato resultaste ser, bien que te tientas cuando me miras, oliendo tu opio divagas en mirlas.
-Ya basta mujer, pareces bien ninfa. Harto me tienes. Toma tu diezmo y no gastes en rimas.
Marques Solideo abandona furioso el aposento, trina cual dromedario reseco, al bajar las escaleras recoge precavido su pareo. No sería vez primera, que la cabeza se abriera.

Regenhut de Viena, ve la pica y la sangre, se oculta en las sombras de enemigos rampantes. Hierve rabioso por la traición del mercante, que enviara su barco a entre balas pasearse. Armado de una piedra, sin filo y caliza, y su honor aun intacto, con migas de tela cubriendo su rabo.
-¿Es esta acaso Capelina?¿El odio del Marqués es tan inmenso como mi hombría? He de ser yo quien vengue a Capelina.
-¡Aquí estoy muerte!¡En la mazmorra maldita!¡Pero busca una guadaña y no esa piedra caliza!¡Aaaaahhhhh!
El marinero se achica detrás de un tonel, observa las rejas lejos en la pared, que chillan cien gritos y la mitad son para él. Tricornio y Bicornio se asoman a un balcón, espían a Capelina mudando su canesú. Escuchan los gritos y hacia la plaza sus cabezas giran, un perro morrudo se esconde en las sombras, parece ser diestro portando una roca.
-¿Has visto Bicornio? Tu perro Colete blandiendo una piedra.
-¿Qué hace en la plaza? Atado él estaba y buenos palazos le he dado. Gotea en la alfombra.
-Vamos a darle, que mi palo esta ardiente. -blandiendo un garrote, tres clavos bien grandes.
Bicornio sonríe, los gritos escucha, se excita demente, mañana un perro en la olla. Levanta su daga aullando a la Luna.
-Los ojos son míos, de eso no discutas.-bajando a la plaza, cruzando pasillos, los Turbantes alzados creen desquitaran su celo.
-Es tuyo el mastín, nada te discuto. Pero yo voy primero, que es bravo ese perro.

Dolor insoportable, metal en los huesos, que venga ya la muerte a llevarse los restos, de este despojo de hombre santo que el flagelo ha hecho. El Horma Gamuza sigue apretando, las carnes del Arzobispo se están ya soltando.
-¡Aaaaaaahhhhhyyyyyyayayaaaa.....
Don Botinero Inquisidor, contempla extasiado aferrado a las rejas, con decrepito gusto, gime y festeja.
-¡No te mueras, que mañana te quemas! Mas despacio Horma Gamuza, que si se muere no hay fuego.
-Mm... –Horma Gamuza, torturador responsable, sin lengua responde. Aunque por dentro se gesta el recelo inquietante, del artista que no acepta consejos ni partes.

Regenhut sintió frió en su mojada espalda, una caricia amorosa y etérea le erizó los huesos.
-¿Ca... Ca... pelina?
El espectro besaba su cuello y con cada beso, Regenhut trepidaba. Pobre polaca, solo un náufrago lloraba su cuerpo.
-¡Ahí está, Bicornio!¡Temblando en las sombras!
-Tiene frió mi mastín.
-Pronto tendrá huesos rotos.- dijo tricornio y blandió su garrote.-Prepárate hermano, saltemos juntos al ataque.
-Espera, lo llamare y será más fácil. ¡Coleta!¡Coleta!-y chifló bajito- Ven aquí perro inmundo-dijo sonriente mirando a la penumbra.
El marinero Regenhut de Viena y sin barco, arremete sobresaltado, sintiéndose rodeado por peligros desconocidos, arroja su piedra a lo primero que ve, el fez de Bicornio vuela por la noche, brota la sangre de sus cabellos perlados.
-¡El can tiene puntería! –Y se agarra la cabeza con la palma de un guante.
Regenhut eufórico emerge de la penumbra. Por el cuello toma a Tricornio, despojándolo de su garrote con clavas y lanzándolo por los aires.
-¡Demonios toquetones! ¡Dejadme! –Fuera de sí está, escupiendo las palabras y restos de agua salada.
Los hermanos Turbantes saltan hacía atrás como graciosos conejillos de dientes filosos.
-¡Mi perro es Regenhut! ¡Magias oscuras Tricornio!¡Arcanas Tricornio!
-¡Que no es tu perro, salamero! ¡Es el marinero! ¡Y esta más loco que una cabra!
Regenhut, marinero con cara de perro no baja la guardia, su amada en la pica, demonios en sus espaldas.
Con pleitesía saludan al noble corsario, buscando amparo, intentando calmarlo.
-Bienvenido a Levante, Marinero Regenhut de Viena. Valiente Corsario vencedor de tempestades y terror de goletas.
-Y galeones también, jóvenes Turbantes.
-Y galeones también noble corsario. –repitieron a coro condescendientemente, guardada su daga, perdido un garrote.
-¿Dónde esta el bastardo que empalo a mi amada?
-¿Se refiere a la polaca, mi señor marinero?
-Polaca mis polainas –dice Regenhut envuelto en harapos- ¡¿Dónde está el marquesito?!
-B....................

GRAN ESTALLIDO INUNDA EL CASTILLO

Dos Turbantes vuelan raudos con piedra y polvo de muralla,
Tosen miedo y sorpresa, pierden de vista al corsario.
Corren aturdidos a resguardo, piden guardias a gritos sin saber que esta pasando.
Sus pantalones mojados, desperdicios evacuados, más piedras caen del castillo.

Guardia dormido despierta, desde su torre avista la mar cubierta de naves.
Tan tarde su grito que es burla:
¡Nos atacan moros!
¡Flota grande y numerosa!
Su torre explota en cientos de piedras, dos gritos lanza, y luego se lanza él.
Una pica en la plaza lo espera, clavado queda con un atisbo de vida.

Entre cañones la tortura prosigue con locura y frenesí
Don Botinero Inquisidor se desase en un orgasmo.
Pide que corte unas partes
Que desmenuce un dedo gordo y unte brea hirviente
-¡Más rápido gordito, que cañonean! ¡No llegamos a la quema!
El Horma Gamuza suelta cadenas, un enorme mazo recoge.
Bala de cañón cruzando paredes y rejas
Enorme mazo gastado atravesando los sesos.
Mm... Mmm...
Don Botinero Inquisidor se desase en el suelo
Sus morbos calientes se muestran por la cabeza abierta.

Regenhut ve pasar las piedras, balas de galeón poderoso
Se cubre contra el estanque y nuevas caricias siente
-Mi bella Capelina, el final ya se siente.
Y la pobre alma polaca le conversa en su lengua
-El idioma de los espíritus hablas ahora mi amada
Vengaré tu muerte cruel si las balas no me ganan

Capelina desnuda sale al balcón curiosa
Ve los muros cayendo, a todos los guardias corriendo
Los barcos en la ría bramando y un tufillo polvoriento
Se emociona Capelina, espera algún caballero talante.
De buen porte y varias tierras, que sepa satisfacerla

Abren el portón a un Jinete, brinca y canta a los cuatro vientos
¡Son Polacos y descontentos!
¡Desembarcan alabarderos y cientos de arqueros!
-Polacos ladinos de sorpresa me invaden
Marqués Solideo junta sus cofres, prestos sus pajes, no encuentra Turbantes
-Empalé a una polaca ¿Tan rápido saben?
Bajando con prisa olvida su pareo, cayendo escaleras y golpeando una mesa
-Levanten mis cosas, protejan mis títulos
Carruaje lo aguarda con guardia leal, ya muchos andan lejos, su vida velando
-¡Capelina mi querida, ven con tu dinero¡
Bala revienta el coche, Marqués perdido en su plaza, muy cerca de la polaca
-Los Turbantes revientan caras, polaca.
Leve riña de espadas en los muros caídos, un marinero serio tras la pica aparece
-El Vienes en persona. Lo creíamos muerto ¿Vienes a disfrutar sus carnes?
Pues en lo alto te espera, marino.

La mañana se va revelando, ya entre caballeros entrando
El marinero Regenhut de Viena, un garrote con clavas aferra
Náufrago desnudo lanza sus clavas al viento picando feroz su blanco
Otra cabeza abierta mostrando densos sucesos
Marqués que ya nada piensa y un espíritu de polaca contenta
Besa etérea a su héroe, valiente corsario de Viena

Un hombre herido se arrastra, entre paredes desprendidas abiertas
Horma Gamuza entre piedras atrapado, sangra llorando por su víctima escapando
mmmmm.....m..m...m...
El Arzobispo Balaclava, el ave María recita
Se agarra de todas partes, que aún no este el sol lo atormenta

Pocos la historia la cuentan, muchos muertos, poca fiesta
Turbantes sirvientes de otro señor suyo, tan perversos como infantes
Arzobispo vestido, da misa los domingos en un convento alejado.
Marinero de Viena, flamante navío, ángel de la guarda en la quilla
Capelina fantasma es más dulce, aunque sus carnes se anhelan en toda Viena
Capelina viva juega como siempre desnuda, con un viejo Conde Polaco, tres hijos
y un burro.


FIN

1 Desaprobaban, abochornaban, maltrataban, ofendían, insultaban, escandalizaban, bailaban, golpeaban.  
2 Sale, brota, surge, se exhibe, aparece, miraba, espiaba, merodeaba, lucubraba, escarbaba. 
3 Revelando, exponiendo, publicando, descubriendo, ostentando, abriendo, tentando, palpando, hurgando.

Bevi - Karda

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